miércoles, 13 de octubre de 2010
Los norteamericanos y Cuba, detrás del mismo espía, Orlando Letelier.
martes, 12 de octubre de 2010
Del Atentado a Bernardo Leighton.
Yo creo que será difícil que el país se recupere si no se establece la verdad de lo que pasó.(Carta de Eduardo Frei M., a Bernardo Leighton 22 de Mayo de 1975)
Porque no podremos conocer toda la verdad, sin embargo existen antecedentes que no muestran la historia que ha urdido la izquierda.
El 19 de julio de 1975, el técnico electrónico estadounidense Michael Townley, agente operativo de la CIA y conectado a la DINA de Chile, bajo el nombre falso de Kenneth Enyart salió desde desde el aeropuerto de Pudahuel en Santiago rumbo a Brasil. De allí después voló a Madrid para encontrarse con su esposa, Mariana Callejas y con el cubano anticastrista Virgilio Paz.
Los tres debían establecer una red de nuevos contactos en Europa.
Paz viajó solo a Irlanda del Norte a fotografiar los campos donde los ingleses tenían detenidos a miembros del Ejército Republicano Irlandés (IRA). Esta tarea especial era proporcionar antecedentes para la DINA que ayudaran a contrarrestar la campaña de los políticos británicos en contra de la Junta Militar Chilena.
Townley y Mariana Callejas, en tanto, se dirigieron a Francia, Bélgica, Holanda y Alemania.
En todos esos países lograron armar una secreta trama de informantes y colaboradores sobre las actividades de los exiliados chilenos.
En Italia, precisamente en Roma vivía Bernardo Leighton, este hombre se esforzaba en lograr la unificación de todos los opositores al régimen militar chileno.
Townley un diestro agente de la CIA llamó por teléfono a un italiano, acordando reunirse en un restaurante céntrico. Al llegar con Mariana Callejas y Virgilio Paz, se encontraron con dos sujetos, uno de los cuales se hacía llamar Alfredo Di Stefano y parecía el jefe. Su nombre real -desconocido entonces para Townley- era Stefano Delle Chiaie, acompañado en ese momento por Pierluigi Pagliai, apodado ''Gigi'', estos antecedentes fueron expuestos por Townley a la justicia norteamericana cuando estuvo detenido e hizo sus arreglos para disminuir sus condenas y pasar al sistema de “protección de su identidad”.
Los italianos dijeron pertenecer al frente Juvenil del Movimiento Social Italiano.
Añadieron, sin embargo, que no estaban nada satisfechos con sus jefes, los que habían despreciado el uso de las armas para impedir el avance del comunismo. Ellos querían acción y forjar una alianza que luchara en contra de los rojos en todos los continentes, sin tregua y con todos los medios a su alcance.
Para ello se habían aglutinado en un movimiento propio, Avanguardia Nazionale, y contaban además con aliados como Ordine Nuovo, todos bajo la férula del diputado Pino Rauti, verdadero ideólogo de la ultraderecha violentista peninsular.
Aldo Stefano Tisei, miembro de las bandas neofascistas, declaró ante un tribunal italiano el 3 de diciembre de 1982 que en los últimas días de 1974, se habían unido Avanguardia Nazionale y Ordine Nuovo, acuerdo al que había llegado un comité político integrado por Clemente Graziani, Elio Massagrande, Salvatore Francia, Eliodoro Pomar y Pier Luigi Concutelli. Luego de consumarse la fusión, ingresaron a la comisión política Campo Falvio y Stefano Delle Chiaie.
Esa noche de septiembre de 1975 en Roma, Townley y Paz les explicaron a los italianos que Leighton no sólo era un enemigo del nuevo gobierno chileno, sino que también de Italia. Les insistieron también que más adelante podrían emprender muchas otras misiones similares en conjunto.
El 6 de octubre, los italianos cumplieron su parte. Un hombre disparó sobre Bernardo Leighton y luego sobre su esposa, Ana Fresno, huyendo rápidamente. Ambos quedaron gravemente heridos.
Una semana después, el 13 de octubre, en Miami, El Diario de Las Américas, publicó un comunicado emitido el día 10 donde el grupo ''Cero'', uno de los nombres usados por el Movimiento Nacionalista Cubano, MNC, se abjudicaba el atentado.
Bernardo Leighton en medio de la “guerra fría”
Un neofascista italiano cuenta la historia así...
Al interior de los servicios de inteligencia de algunos países de europa conectados con la CIA se veía con preocupación como el comunismo tomaba fuerza en Italia (una paradoja pensando que allí fue la cuna del Fascismo), ademas existía la amaenaza constante de una posible invasión Soviética a Europa Occidental, tanto por el Telón de Acero en Alemania como un "día D" en Italia (posible desembarco), ante este escenario en que el Socialismo Soviético ganase el control de Italia y se extendiese a Europa tanto por las urnas como por las armas se creo esta red clandestina que realizo varios incidentes tanto en Europa como otros relacionados con Sudamérica
Para los neofascistas la idea era derrotar la amenaza comunista en Italis mediante la
la estrategia de tensión y terrorismo, es decir llegar hasta las últimas consecuencias, y si eso incluía una Guerra Civil y un Posterior Régimen de corte Neo-Fascista, que así fuese.
Esta Estrategia de Tensión consistía en realizar ciertos atentados estratégicos contra personas vinculadas al marxismo (lideres políticos comunistas, socialistas, anarquistas), realizar también operaciones conjuntas con otras redes de carácter Anti-Comunista en Europa y en Sudamérica...
Ante el carácter anti-comunista de esta red, se integraron a esta muchos miembros de antiguos círculos Fascistas y Nacionalsocialistas.
En Italia llevaron a cabo numerosos atentados en contra marxistas y políticos en general (que también fueron respondidos por grupos Terroristas Marxistas)...
Uno de los Miembros mas Prominentes de esta Organización es el camarada Stefano Delle Chiaie, un Italiano Neo-Fascita (Stefano Delle Chiaie hablaba de una "internacional fascista negra" y su esperanza de crear las condiciones de una "revolución internacional") cuyas operaciones marcarían la historia de varios países.
El camarada Delle Chiaire
Stefano delle Chiaie fue descrito por la CIA como el terrorista más buscado de derecha en 1983, era sospechoso de un montón de actividad ilegal, pero sin ser demostrado y siempre fue absuelto.En el curso de sus actividades Delle Chiaie también fue conocido por una serie de alias, el más notable de las cuales fue ALFA y Alfredo Di Stéfano, por el célebre futbolista del mismo nombre. Tras asistir en Madrid al funeral de Francisco Franco, en el año 1975, conversó con el general Augusto Pinochet.
Según declaraciones de Michael Townley, después de ello Delle Chiaie se encontró con él, y con el cubano Virgilio Paz Romero(disidente del Régimen de Castro) también agente de la CIA,para preparar, con la ayuda de la policía secreta de Francisco Franco, el asesinato de Bernardo Leighton, un Demócrata Cristiano Chileno del ala izquierda de ese partido, y que se presentaba como una amenaza para la política anticomunista de italia, ya que este político chileno procuraba la unificación de fuerzas con izquierdistas chilenos refugiados en aquel país. El 6 de octubre de 1975 Leighton y su esposa resultaron gravemente heridos por disparos, mientras que vivían en el exilio en Roma.
Delle Chiaie, junto con su compañero extremistas Vicnecio Vincequerra quien también testificó en Roma en diciembre de 1995 ante la juez Maria Servini de Curbia, inculparon a Michael Townley(un agente de la CIA de nacionalidad norteamericana conectado con la DINA de Chile) y Virgilio Paz que estaban directamente involucrados en intento de asesinato. Michael Townley en declaración pactada con la Justicia Norteamericana, más tarde inculpó al agente de la DINA Enrique Arancibia Clavel.
En buenas cuentas, el atentado contra Bernardo Leighton fue un producto de la tensión provocada por la “guerra fría” que afectaba grandemente la política italiana y Europa en general.
Adaptación y traducción.
Carlos D Toledolabarca
sábado, 13 de marzo de 2010
Carlos Prats
Prats
También las investigaciones sobre el asesinato de Carlos Prats y de su esposa, Sofía Cuthbert, el 30 de septiembre de 1974, en Buenos Aires, contienen elementos dudosos y contradictorios de una eventual conexión con la Junta Militar chilena.
Sobre el asesinato, Pinochet refirió: "No fui yo quien lo envió fuera de Chile; esa fue una resolución propia de él. Ahora bien, yo sabía que al general lo estaban molestando. Lo llamaban por teléfono en las noches para insultarlo y amenazarlo" "Por ello le mandé un mensajero para hacerle saber que yo estaba dispuesto a ayudarlo en lo que él quisiera" "Cuando recibió el mensaje respondió diciéndome que lo mejor sería irse a la Argentina, porque había sido agregado militar allá y tenía muchos amigos en ese país" "¡Sepa Dios quién lo mató! Eso me gustaría aclararlo por muchas razones" "Siempre repiten lo mismo, que la DINA es culpable" "Sin embargo, yo no tengo mayores antecedentes. En todo caso, pienso que la muerte de Prats fue algo vil y perverso".[49]
Se confirmó, además, que el mismo Michael Townley, con el seudónimo de Kenneth Enyart, había sido el autor material del atentado. A continuación (como ya fue referido sobre el caso Letelier) le dieron la extradición a Estados Unidos, donde fue puesto bajo la protección del FBI.[50]
De esta manera quedó protegido el buen Townley, depositario de mil secretos, que no pudo ser restituido a Chile por la justicia estadounidense, ni siquiera después de un pedido formal. Al punto de permitirse contar, seguro de su propia inmunidad, cómo y por qué había mantenido bajo vigilancia la habitación de Prats, cómo había entrado en el garaje y colocado la bomba construida por él mismo. No era su deseo eso sí, dijo, el de asesinar a la esposa de Prats, Sofía Cuthbert.
Además de Townley, fueron también investigados por la justicia argentina el jefe de la DINA, Manuel Contreras Sepúlveda, Pedro Espinoza Bravo, Eduardo Iturriaga Neumann y los ex agentes de la DINA Enrique Arancibia y José Zara Holger. Se trataba de personas que, entre cientos de declaraciones contradictorias, podían haber tenido parte en el atentado, pero a quienes era imposible acusar con seguridad.[51]
En junio de 2000, con una decisión juzgada por muchos como sorprendente, la jueza argentina María Servini de Cubría (que tenía encarcelado en Buenos Aires a Enrique Arancibia) ordenó la excarcelación de Juan Martín Siga Correa, otro agente de la DINA, que estaba arrestado desde hacía algún tiempo. Los motivos de aquella decisión había que relacionarlos con el hecho de que Siga Correa podría haber actuado también por cuenta del SIDE, servicio secreto argentino que estaba en constante contacto con un movimiento internacional denominado Triple A.[52]
Al mismo tiempo, después de un interrogatorio en el cual María Servini de Cubría interrogó a los ex militares chilenos José Zara Holger y Eduardo Iturriaga Neumann , las investigaciones sobre el caso Prats se extendieron a la esposa de Townley, Mariana Callejas, residente en Chile.[53]
La sustancia de dichos interrogatorios era impresionante. Como lo revelado de inmediato por El Mercurio, "las declaraciones de José Zara Holger acusaban abiertamente a la CIA de estar implicada en el homicidio de Prats". Palabras de fuego las de José Zara Holger, que fueron repetidas tanto a la argentina María Servini de Cubría como al juez chileno Joaquín Billard.[54]
Apoyada por dichos resultados, María Servini de Cubría y Joaquín Billard interrogaron (mejor dicho en una conversación sin valor judicial, como precisaron) al ex general Sergio Arellano Stark, quien en 1973 había dirigido la "caravana de la muerte". Otros interrogatorios fueron hechos en Santiago al general Manuel Contreras Sepúlveda, ex jefe de la DINA, y a su colaborador Pedro Espinoza Bravo. En la ocasión fue confirmado que Michael Townley, durante una conversación en Estados Unidos, le había confirmado a la jueza María Servini de Cubría haber sido el ejecutor material del asesinato de Prats. Pero como Townley, en sus tráficos de doble juego, estaba relacionado tanto con la CIA como con la DINA, la señora María Servini de Cubría, quizás por el protagonismo que está presente en muchos representantes públicos, decidió extender la investigación a Pinochet, bajo la conocida fórmula "no podía no saber".[55]
Y de hecho, en mayo de 2000 María Servini de Cubría le hizo saber al diario La Nación que se encontraba en la necesidad de interrogar a Pinochet sobre la muerte de Carlos Prats y de su esposa.[56]
Si bien, agregó enseguida, se estaba en una situación embarazosa porque de hecho existían importantes secretos de Estado impuestos por Estados Unidos.[57]
En otras palabras, no estaba en condiciones de conocer los hechos, porque estos estaban cubiertos por secretos internacionales, ¡pero relanzaba las acusaciones y pretendía incriminar!
Según las fantasiosas deducciones de María Servini de Cubría, no solamente los asesinatos de Prats (en Buenos Aires) y de Letelier (en Washington) sino también el atentado a Leighton en Roma (sobre el que se hablará más adelante) eran parte de un único plan criminal organizado por la DINA chilena, dentro del llamado Plan Cóndor.[58]
Y esto no es todo. El 5 de octubre de 2000 la magistratura argentina declaró que no era posible aplicar la prescripción de la ley en el caso del homicidio del general Carlos Prats y de su esposa Sofía Cuthbert, porque dicho homicidio, según una extravagante opinión de los jueces de Buenos Aires, se debía calificar como crimen contra la humanidad y por lo tanto no sujeto a prescripción. [59]
Argentina se reservaba, por lo tanto, pedir a Chile la extradición de Augusto Pinochet, de Manuel Contreras Sepúlveda, de Eduardo Iturriaga Neumann, de José Zara Holger y de Pedro Espinoza Bravo y de pedir a Estados Unidos la extradición de Armando Fernández Larios y de Michael Townley. Estaba detenido en Buenos Aires, como ya se ha dicho, Enrique Arancibia Clavel, para quien, si bien había sido excluido por el mismo Townley, la fiscalía pública pedía la cadena perpetua.[60]
Inmediata fue la apelación presentada por Augusto Pinochet, quien negó la posibilidad de clasificar un caso de homicidio como crimen contra la humanidad y que pedía por lo tanto la prescripción que, según la ley argentina, se aplica después de 15 años del hecho.[61]
El caso se volvió aún más complicado cuando el 24 de octubre de 2000 el diario chileno El Mostrador reveló que Carlos Altamirano le había dicho a Carlos Prats, un mes antes, que su vida estaba en serio peligro.[62]
¿Cómo podía Altamirano, líder de la izquierda más intransigente, conocer ciertas cosas? Misterio. Por otro lado, el periodista Federico Willoughby revelaba que había sido avisado con anticipación por el general Pedro Ewing del probable asesinato de Carlos Prats.[63]
El 27 de octubre el magistrado argentino Juan José Galeano renovó el pedido de extradición de Pinochet.[64]
Desde Santiago el magistrado de la Corte Suprema le respondió que el pedido era inaceptable.[65]
El 18 de noviembre de 2000, en Buenos Aires, Enrique Arancibia Clavel, si bien fue excluido por Townley sobre la muerte de Prats y de su esposa, fue condenado a cadena perpetua.[66]
Sus defensores presentaron un recurso afirmando que la sentencia era arbitraria, sin fundamento y por lo tanto debía anularse.[67]
El pedido argentino de extradición del ex capitán chileno Armando Fernández Larios, residente en Estados Unidos, cayó en el vacío. Y una cierta indiferencia encontraron en Chile los pedidos argentinos para interrogar a las dos ex colaboradoras de la DINA Luz Arce y Marcia Merino, quienes después de 1973, inicialmente arrestadas por actividad subversiva, habían entrado a formar parte de la policía secreta del régimen militar.[68]
Desilusionados frente a tantas dificultades, los magistrados argentinos, esta vez por iniciativa del juez Rodolfo Canicoba Corral, decidieron seguir otras pistas y ampliaron las investigaciones a todas las naciones que participaron en el Plan Cóndor, en el cual, insistieron, se encuadraba el caso Prats. Pedían así la extradición del ex dictador paraguayo Alfredo Stroessner, que desde 1989 estaba en condición de exiliado político en Brasil, y de los ex oficiales paraguayos Francisco Brites y Néstor Melcíades. A estos se agregaban los ex militares uruguayos Julio Vapora, Jorge Silveira, José Nino Gavazzo, Manuel Cordero y Hugo Campos Hermida. No contentos con ello, incriminaron al militar y ex presidente argentino de facto Jorge Rafael Videla (en el poder desde 1976 hasta 1983), al ex general Carlos Guillermo Suárez Mason y al ex ministro del interior Eduardo Albano Harguindeguy. Videla, que estaba bajo arresto domiciliario, comunicó el 20 de junio y el 16 de agosto que no hablaría con el magistrado que lo investigaba.[69]
La única prueba en las manos de Rodolfo Canicoba Corral era una carta del 25 de septiembre de 1975, en la que Manuel Contreras Sepúlveda le agradecía al jefe de la policía de Paraguay "por la colaboración en completar la misión". Misión que, según las deducciones del magistrado argentino, consistía en el secuestro en Paraguay del terrorista Jorge Isaac Fuentes Alarcón, después desaparecido.[70]
Toda la teoría en que se basaban las investigaciones argentinas a propósito del Plan Cóndor (y por lo tanto del asesinato de Prats) fue desmentida en abril de 2001 por el abogado chileno Juan Carlos Manns, defensor de Manuel Contreras Sepúlveda, según el cual el plan internacional no era otra cosa que "un intercambio de información" entre las policías, similar al que existe entre todas las policías conectadas a la Interpol: cosa más que justificada en los años '70, cuando la ola de terrorismo y subversión generada por Moscú se desarrollaba a nivel planetario y sacudía a América Latina.[71]
Pero esto no desanimó al juez Rodolfo Canicoba Corral, quien en mayo de 2001 decidió llegar hasta donde consideraba que estaba la fuente del mal: Estados Unidos. Así, tras haber perdido el sentido de la medida, Canicoba pidió interrogar como "presunto cómplice" del Plan Cóndor al ex secretario de Estado Henry Kissinger, que ni siquiera se tomó el trabajo de responder a dichas acusaciones.[72]
Canicoba no se rindió y dos meses después, hacia finales de julio, renovó el pedido. Esta vez, un anónimo funcionario de la Casa Blanca reaccionó definiendo como "infundadas y ridículas" las pretensiones de la magistratura de Buenos Aires , en un momento en el cual la Argentina tenía otros problemas muy serios que enfrentar, a causa de una grave crisis económica: "Es inaceptable que un ciudadano de Estados Unidos", comentó la Casa Blanca, "pueda arriesgarse en un proceso en el exterior consecuencia de presiones claramente políticas".[73]
Quizás celosa de la notoriedad que había alcanzado el colega Rodolfo Canicoba con su ataque a Kissinger, María Servini de Cubría se puso también en evidencia pidiendo el arresto y la consiguiente extradición a la Argentina de Augusto Pinochet, en relación con el asesinato de Prats y su esposa. También tuvo poca suerte dado que no existe un tratado de extradición entre los dos países, motivo por el cual el ministro de la Corte Suprema chilena Jorge Rodríguez Ariztía rechazó el pedido.[74]
El desfile de los magistrados argentinos continuó (en teoría, para descubrir la retroescena del caso Prats, pero en realidad intentando reescribir la historia mundial de los años '70) con la incriminación, por parte de María Servini de Cubría, de un enésimo hombre de la DINA, Christopher Willke Floel, que se agregó a la larga lista de los indagados.
Para todos la acusación era de "asociación internacional para cometer delitos", obviamente como "crímenes contra la humanidad".
Las pruebas, segón la señora Servini de Cubría, eran tres. Un cierto Carlos Hernán Labarca Sanhueza, chofer de Pinochet, había oído que su jefe expresaba que Prats era un hombre peligroso. Ingrid Olderock, ex agente de la DINA, muerta hace poco, había visto a algunos oficiales de la DINA expresar su alegría por la muerte de Prats. Y el locuaz investigador estadounidense Eugene Propper (ya citado a propósito del caso Letelier) había notado que Manuel Contreras Sepúlveda "temía" que Prats pudiera publicar un libro de memorias. Esto era todo.[75]
El caso Prats, como se ve, muestra todas las características de los casos judiciales destinados a permanecer en vaguedades. La única nota concreta fue la fácil notoriedad alcanzada por algunos magistrados.
jueves, 25 de junio de 2009
Lucía Hiriart desmiente "mito del sexto hijo" de Pinochet
Desde hace tiempo ha evitado la exposición pública y también a la prensa. Su última aparición fue el fin de semana recién pasado, cuando asistió, sin dar declaraciones, al velatorio de Rosa "Mitty" Markmann, viuda del ex Presidente Gabriel González Videla.
Pero esta semana decidió dejar de lado el silencio que se ha autoimpuesto para defender la memoria de su esposo, a raíz de la publicación del libro "La familia: historia privada de los Pinochet", en el que se relatan sucesos sobre el ex gobernante y antecedentes que -dice- constituyen "situaciones irreales, basadas en habladurías, para dañar especialmente la reputación" de su marido, "quien ya no puede defenderse".
A través de una carta enviada "a los chilenos", que "El Mercurio" publica en exclusiva, Lucía Hiriart desmiente tajantemente que los dineros del general (r) Pinochet hayan sido mal habidos o que una parte de ellos haya sido obtenida de comisiones por la venta de material bélico, como señala el libro. Asimismo, califica de "infamia" todo lo relacionado con los rumores de un supuesto sexto hijo que Pinochet habría tenido en Ecuador.
Este es el texto íntegro de la carta:
"A todos los chilenos:
En estos días se publicó un libro sobre nuestra familia Pinochet Hiriart, en el que, bajo pretexto de ser una investigación periodística, sus autores lucran con rumores que distorsionan la realidad, agregando con calumnias una cuota de fantasía. Además, añaden situaciones irreales, basadas en habladurías, para dañar especialmente la reputación de mi difunto esposo.
"El libro basa mucho de su contenido en publicaciones de prensa, escritas por personas que arrastran una gran cantidad de odio y que mienten públicamente, con el único objetivo de difamarnos frente a la opinión pública.
"A modo de ejemplo, en el texto se afirma que los dineros de mi marido fueron mal habidos, lo que en cinco años de investigación no ha podido ser probado en los Tribunales de Justicia. Se le atribuyen al pago de comisiones por ?transacciones de material bélico', lo que es absolutamente falso.
"No es menor la infamia que se comete al dedicar páginas al ?mito del sexto hijo', que se basa sólo en rumores, sin que se entregue antecedente serio alguno, con lo que sólo se busca denostar la honra de nuestro núcleo familiar.
"También se habla de todas las acusaciones judiciales que tuvimos que sufrir, imputación de la cual fuimos exonerados por resoluciones de la Corte de Apelaciones de Santiago y que fue ratificada por la Corte Suprema.
"Me llama poderosamente la atención que en este libro nada se diga acerca de la persecución política que nos ha tocado vivir en carne propia, con detenciones arbitrarias y falsas acusaciones, como malversación de caudales públicos y evasión tributaria.
"No estoy en contra de la libertad de expresión, pero no se puede utilizar este derecho para desprestigiar, con mentiras, a un hombre que ya no puede defenderse. Es especialmente por esto que decidí escribir esta carta, con el propósito de que se reescriba la verdad histórica como corresponde, en forma objetiva y sin pasión política, bajo una perspectiva real, y que considere todo lo que nos ha tocado vivir.
"En memoria de mi difunto esposo, Augusto Pinochet Ugarte, quiero hacer un llamado a la sociedad chilena a terminar con las odiosidades que se arrastran por casi 40 años".
La versión que relata el libro"Entre los numerosos secretos que Augusto Pinochet se llevó a la tumba está el nacimiento de un supuesto hijo que habría tenido fuera del matrimonio, mientras vivió en Ecuador". Con esa frase se inicia el capítulo "el mito del sexto hijo", que narran Claudia Farfán y Fernando Vega en el libro "La familia: historia privada de los Pinochet" (Debate/Random House Mondadori).
Según éste, en Quito circula hace décadas la versión sobre la existencia de un hombre que habría cumplido unos 50 años viviendo casi en la clandestinidad: "Ni las pistas sobre el gran parecido físico a su padre o el militar amigo que se habría encargado de él han servido para obtener el más mínimo indicio de su paradero".
Se dice que, a mediados de los 80, cuando la lucha contra el régimen militar chileno llegó a un punto extremo, el servicio secreto cubano consideró necesario indagar acerca de este hecho, que podía ser comprometedor para Pinochet.
Juan -como se llamaría- siguió la carrera militar igual que su padre, y su madre habría sido una pianista de la aristocracia llamada Piedad. Su nacimiento, dice el libro, habría sido una de las razones por las que, un año y medio después de su arribo a Quito, Lucía Hiriart habría abandonado temporalmente a su marido.
Carta de Lucía Hiriart viuda de Pinochet.
21 de junio de 2009.
"A todos los chilenos:
En estos días se publicó un libro sobre nuestra familia Pinochet Hiriart, en el que, bajo pretexto de ser una investigación periodística, sus autores lucran con rumores que distorsionan la realidad, agregando con calumnias una cuota de fantasía. Además, añaden situaciones irreales, basadas en habladurías, para dañar especialmente la reputación de mi difunto esposo.
"El libro basa mucho de su contenido en publicaciones de prensa, escritas por personas que arrastran una gran cantidad de odio y que mienten públicamente, con el único objetivo de difamarnos frente a la opinión pública.
"A modo de ejemplo, en el texto se afirma que los dineros de mi marido fueron mal habidos, lo que en cinco años de investigación no ha podido ser probado en los Tribunales de Justicia. Se le atribuyen al pago de comisiones por transacciones de material bélico', lo que es absolutamente falso.
"No es menor la infamia que se comete al dedicar páginas al mito del sexto hijo', que se basa sólo en rumores, sin que se entregue antecedente serio alguno, con lo que sólo se busca denostar la honra de nuestro núcleo familiar.
"También se habla de todas las acusaciones judiciales que tuvimos que sufrir, imputación de la cual fuimos exonerados por resoluciones de la Corte de Apelaciones de Santiago y que fue ratificada por la Corte Suprema.
"Me llama poderosamente la atención que en este libro nada se diga acerca de la persecución política que nos ha tocado vivir en carne propia, con detenciones arbitrarias y falsas acusaciones, como malversación de caudales públicos y evasión tributaria.
"No estoy en contra de la libertad de expresión, pero no se puede utilizar este derecho para desprestigiar, con mentiras, a un hombre que ya no puede defenderse. Es especialmente por esto que decidí escribir esta carta, con el propósito de que se reescriba la verdad histórica como corresponde, en forma objetiva y sin pasión política, bajo una perspectiva real, y que considere todo lo que nos ha tocado vivir.
"En memoria de mi difunto esposo, Augusto Pinochet Ugarte, quiero hacer un llamado a la sociedad chilena a terminar con las odiosidades que se arrastran por casi 40 años".